jueves, 27 de septiembre de 2012

Julio Barcos, el maestro defensor de mujeres y niños

El maestro e inspector Julio Barcos nació en 1883 y muere en 1960. Como militante anarquista de principios del siglo XX, luchó ferreamente por los derechos de los niños y las mujeres. Influenciado por las pedagogías libertarias de la época, se hace cargo en 1907 de la Escuela Laica de Lanús y en 1908 funda la Escuela Moderna de Buenos Aires. Barcos, además de pedagogo y maestro anarquista, fue inspector de escuelas normales. Con la llegada del gobierno popular de Hipólito Yrigoyen con quien el pedagogo cultivó una amistad, comienza a militar en el radicalismo.
Entre sus obras se encuentran "Cómo educa el estado a su hijo" del año 1927, "Política para intelectuales" publicado en 1931 y "Por el pan del pueblo" de 1933 de donde tomamos el texto que compartimos a esta oportunidad.


Julio Barcos


CAPITULO XXI
DEFENSA DE LA MUJER Y EL NIÑO 

"La libertad — ha dicho muy bien Azaña — no hace felices a los hombres; pero los hace hombres". La justicia social, añadimos nosotros, hace a los hombres, hermanos. La injusticia los hace enemigos. Por eso los métodos drásticos de la sociedad capitalista basados en la violencia, la explotación del prójimo, el orgullo de clase y la justicia de clase, son antisociales, es decir, anarquizadcres del orden y atizadores del odio en las masas insurrectas. La única política conciliadora, en consecuencia, es la que suprime la injusticia social. Preciso es legislar, no solamente sobre el régimen de la propiedad, sino también y urgentemente sobre el de la familia, que suele ser donde a los innovadores se les queman los libros de sus avanzadas teorías. Nuestro Código Civil, en esta materia, es clásicamente bárbaro. Está calcado de los códigos medievales que establecen el absolutismo del derecho patriarcal sobre los bienes y la vida de la mujer y de los hijos.
Es verdad que en nuestro código se ha suprimido el derecho que antes concedía al marido "ofendido", de matar a su cónyuge. Ya es algo. Se aleja, por lo menos, del concepto desaforado del honor marital que imponían las costumbres de la sociedad medieval al hombre, colocando en la categoría de sierva a la mujer. Es verdad que ya le hemos otorgado derechos civiles a las mujeres y que no tardaremos en otorgarles los derechos políticos de que disfrutamos los varones. Pero en lo que respecta al derecho de los hijos, todavía nos regimos por un precepto bárbaro, antisocial y antirrepublicano. Hemos declarado reos desde el vientre de la madre, marcando con un sello infamante al llegar a este mundo, a los hijos extralegales. ¿Es posible concebir una sociedad civilizada y oriunda del cristianismo, que les dé al Estado un instrumento jurídico para hacer la clasificación infamante de hijos ilegítimos, adulterinos, incestuosos y sacrilegos, que mantiene nuestro flamante, reformado código civil? En realidad, no hay tales hijos ilegítimos, aun cuando haya padres ilegítimos a quien la sociedad y la ley exoneran de los deberes de la paternidad.

"Protesta" Antonio Berni

¿Por qué perdura en nuestra codificación este resabio del derecho feudal? La explicación es muy sencilla. La igualdad de los hijos ante la ley y ante la sociedad, afecta a la propiedad privada: la herencia; es decir, la integridad del patrimonio económico de la familia. He aquí un ejemplo comprobatorio de que el Estado no ha hecho toda su vida otra cosa que legislar para la propiedad. Pero ha llegado la hora de que el Estado se decida a legislar para la vida y para la dignidad humana. Con el régimen del capitalismo declina también el del patriarcado. Se van liquidando en el derecho privado — no ya solamente en el derecho público — todos los resabios de la esclavitud. Las mujeres con deberes y sin derechos, que fueron nuestras abuelas o nuestras madres, se convierten en personas con derechos y deberes sociales no inferiores a los del hombre. .Pero no solamente los derechos de la mujer tienden a ser reivindicados, sino también, los del niño. Aquella proclama leída desde la torre Eiffel después de la guerra, sobre "Los derechos del niño" (1) hizo abrir los ojos a los pueblos desangrados en esta contienda. ¡Había que proteger a la infancia para salvar a la humanidad! Y todos los países compitieron en esta rama de la legislación que se llama asistencia social del niño. Los estudiosos empezaron a trabajar con números, a hacer sus estadísticas demográficas, a comparar las cifras de mortalidad y natalidad entre las clases pobres y ricas y entre las poblaciones del interior y las grandes ciudades, para llegar a esta tremenda comprobación: que había países (como el nuestro, que pierde medio millón de habitantes por año) donde las pérdidas de vidas en tiempo de paz eran superiores a las vidas sacrificadas en la guerra. Nosotros no le hemos concedido aún personería jurídica al niño y es tiempo de que lo hagamos. El niño tiene derecho a venir a este mundo sin mancha ante la sociedad de que va a ser miembro. Y por eso hay que abolir las clasificaciones afrentosas de la ley para los hijos.
Antonio Berni "Manifestación" (1951)

Rusia fue la primera que reconoció la igualdad de los hijos ante la ley y ante el mundo. España la imitó en su nueva Constitución, cuyo artículo 43 establece que "los padres tienen para con los hijos habidos fuera del matrimonio los mismos deberes que respecto de los nacidos en él". "No podrá consignarse declaración alguna sobre legitimidad o ilegitimidad de los nacimientos ni sobre el estado civil de los padres, en las actas de inscripción, ni en filiación alguna." Pero Rusia fue más lejos en esta materia, obligando a mantener al hijo dudoso, a aquellos que mantuvieron relación sexual con la madre. No hay otro modo ni más racional ni más cristiano de evitar que continuemos formando en el seno de una sociedad democrática, una clase de ".malditos", de hijos repudiados por la infinita hipocresía social que todavía rige nuestras costumbres, y una clase de madres desheredadas de todo derecho o escarnecidas por la no menos infinita bribonería masculina, de la que no están exentos aquellos mismos señores que tanto invocan el honor de la familia. Hay que dignificar a nuestra mujer criolla. Como no es posible proteger al niño, dejando e~n desamparo a la madre, la asistencia de la infancia debe completarse con la protección a la maternidad. Pero no en forma de limosna sino de reparación social. Todos los niños son hijos de la comunidad y todas las madres son sagradas, caigan donde caigan y estén donde estén. Para levantarlas de su abyección o de su miseria está la mano de una sociedad culta y cristiana, que las ayudará a dignificar sus condiciones de vida. Difundan las mujeres de corazón aquel sublime poema con que Gabriela Mistral, la más excelsa mujer de América, santifica a "estas" madres que pisotea el mundo burgués. Vale la pena reproducir las palabras con que la poetisa nos explica por qué escribió su canto inmortal a la maternidad:
Una tarde, paseando por una calle miserable de Temuco, vi a, una mujer del pueblo, sentada a la, puerta de su "rancho". Estaba próxima a la maternidad, y su rostro revelaba una profunda amargura. Pasó delante de ella un hombre, y le dijo una frase brutal, que la hizo enrojecer. - ' Yo sentí en ese momento toda la solidaridad del sexo, la infinita piedad de la mujer para la mujer, y me alejé pensando: •—Es una de nosotras quien debe decir (ya que los hombres no lo han dicho) la, santidad de este estado doloroso y divino. Si la misión del arte es embellecerlo todo, en una inmensa misericordia, ¿por qué no hemos purificado, a los ojos de los impuros, "esto"? Y escribí los poemas que preceden, con intención casi religiosa. Algunas de esas mujeres que para ser castas necesitan cerrar los ojos sobre la realidad cruel pero fatal, hicieron de estos poemas un comentario ruin, que me entristeció, por ellas mismas. Hasta me insinuaron que los eliminase de un libro. En esta obra egotista, empequeñecida a mis propios ojos por ese egotismo, tales prosas humanas tal vez sean lo único en queso canta la Vida total. ¿Había de eliminarlas? ¡No! Aquí quedan, dedicadas a las mujeres capaces de ver que la santidad de la vida comienza en la maternidad, la cual es, por lo tanto, sagrada. ¡Sientan ellas la honda ternura con que una mujer que apacienta por la Tierra los hijos ajenos, mira a las madres de todos los niños del mundo!
Antonio Berni, "Juanito Laguna" (1970)

He aquí una política de amor y de justicia donde las mujeres nos superarán a los hombres. Para ello he concebido la creación de un Patronato Nacional de la Mujer y del Niño, que no deje el rastro siquiera, del recuerdo en el alma de los desheredados que han pasado por nuestras instituciones de beneficencia, donde al dolor de la orfandad se agrega la tristeza de la cárcel o el tormento de la ergástula. No acuso a las señoras que dirigen estos establecimientos, de falta de sensibilidad y dureza de corazón. Las creo capaces como el resto de las mujeres, de enternecerse ante el dolor humano. Acuso a los hombres que desde el gobierno nada hicieron por cambiar este arcaico régimen presidiario de la caridad oficializada, por un moderno régimen familiar de reparación y de justicia, donde ningún desdichado se sienta reo y desde cuyos institutos serán reintegrados al seno de la colectividad como miembros útiles a la misma.

PROPOSICIÓN FINAL

I

Sí queremos salir de la anarquía en que nos ha arrojado el capitalismo; si queremos liquidar el régimen feudal de la tierra que es el otro factor de nuestra ruina económica; si queremos encontrar el camino de la cooperación entre todas las clases que conviven en la comunidad .argentina; si queremos, en suma, librarnos de la guerra social atizada desde arriba por la expoliación y el despotismo, y no desde abajo por los "agitadores" y las huelgas, tengamos la nobleza y la aptitud de crear el órgano adecuado para cada función. Un CONSEJO ECONÓMICO NACIONAL para dirigir la economía; un INSTITUTO .AGRARIO para controlar y encauzar la Reforma Agraria; un PATRONATO DE LA MUJER Y DEL NIÑO, para la asistencia de la maternidad y de la infancia; y un MINISTERIO DEL TRABAJO, para la cooperación social de clases, otorgando personería a las organizaciones obreras y profesionales. Démosle a la democracia argentina por fundamento, la justicia social; y no tendremos na*da que envidiar a las teorías más avanzadas, porque ninguna de ellas ha sabido libertarse del régimen del terror. El individuo al servicio de la comunidad; la comunidad al servicio del individuo, es la única fórmula capaz de conciliar los intereses del hombre sin menoscabo de su personalidad individual, con los intereses de la colectividad «que lo hizo hombre.

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Notas
(1) - 1) Que todo niño debe gozar de las condiciones esenciales necesarias para lograr normalmente su desarrollo físico y espiritual 2) Que en casos de calamidad pública, el niño, en quien reside el porvenir de la Humanidad, debe ser asistido con preferencia al adulto. 3) Que el niño hambriento debe ser alimentado; el enfermo cuidado; el huérfano, abandonado o vagabundo, debe ser socorrido y auxiliado convenientemente. 4) El niño debe ser protegido siempre, cualquiera sea su raza, nacionalidad o religión. 5) Que el niño debe ser puesto en condiciones de granarse la vida por sí mismo, cuando tenga edad para ello, protegiéndole contra toda explotación. 6) Hay que educar al niño do tal modo, que ponga sus más altas cualidades al servicio de sus hermanos y cuide de enriquecer* con su esfuerzo el patrimonio de la Humanidad.

Para descargar este texto en formato pdf clickeen: Por el pan del pueblo. Descargar
Algunas obras de Julio Barcos se encuentran disponible para consulta en la Biblioteca Nacional de Maestros

2 comentarios:

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